Niños en riesgo social: menos cantidad, casos más complejos

Lunes 14 de March de 2011
Subtítulo: 
Constanza Muñoz

 

Más de 50 mil personas repletan las cárceles chilenas y el creciente hacinamiento reduce dramáticamente las posibilidades de rehabilitación. Un gran porcentaje de los reclusos inició precozmente el camino delictual entrando y saliendo por los centros delServicio Nacional de Menores (Sename) algunos como infractores de ley y otros por encontrarse ensituación de riesgo social.

Aunque hace ya años, para evitar el contagio criminógeno, ambos grupos fueron segregados es indudable que los pequeños que crecen fuera del alero de un núcleo familiar bien conformado tienen altas probabilidades de asumir el delito como una herramienta de sobrevida. De ahi los constantes esfuerzos de buscar las metodologías más adecuadas que ayuden a los menores en riesgo social  convertirse en adultos útiles para la sociedad y mantenerlos lejos del delito y de las cárceles hacinadas.

VIVIR EN FAMILIA

Según registros del Sename en Chile 10.800 niños viven en residencias de acogida. Si bien la cantidad disminuyó drásticamente en los últimos diez años, el perfil de los menores atendidos se ha complejizado; si antes ingresaban a estos centros porque sus familias no podían satisfacer sus necesidades básicas, ahora la negligencia de los padres, el maltrato e incluso el abuso sexual son los principales motivos de su internación.

Oriana Zanzi, especialista de Unicef, opina que aunque la organización defiende el derecho a vivir en familia, “cuando éstas no cumplan con los cuidados básicos deben existir distintas medidas para asegurar el desarrollo de las capacidades de crianza, como la adopción y apoyo de la familia extendida, siendo los programas de residencia un último recurso”.

La consultora considera que los centros deben ser lo más parecido al entorno familiar, pero lo más importante es que “tengan metodologías profesionalizadas y logren que los niños se desarrollen en un sistema de vida comunitario, ya que el problema con las residencias en Chile es que están enfocadas en su quehacer interno”.

Angélica Marín, jefa del departamento de Protección de Derechos del Sename, explica que el trabajo de los centros es darles las mejores condiciones de vida fuera de su núcleo. “Esperamos que las residencias sean una opción transitoria, por eso entregamos todas facilidades para que las familias puedan reasumir sus labores y en el menos tiempo posible”.

Marín cuenta que aunque no son suficientes, tienen programas de prevención ambulatorios donde se hace una evaluación de la vida familiar, “porque a veces los problemas parten por un tema de ignorancia de los padres (...) muchas familias tienen más de un hijo en la red y creen que esa es la solución, entonces hay que educarlos para que reintegren a sus hijos en la casa y superen las dificultades que los obligaron a separarse”.

“El trabajo con las familias es escaso. No pasa más allá de las visitas periódicas”, declara Ana María Morales, directora del área de Justicia y Reinserción de Paz Ciudadana, quien cree que los centros actuales tienen grandes carencias respecto a la reinserción de los menores, por lo que sería necesario “desarrollar más programas para fortalecer el vínculo con la familia, educación y preparación laboral”.

Oriana Zanzi concuerda con este análisis, ya que considera que para lograr un egreso favorable “se necesita entregarles capacitación y educación. Los hogares tienen que trabajar la relación de los niños con la familia y para eso tiene que hacerlo un equipo de profesionales”. Zanzi agrega: “Pensamos que el Sename recibe una demanda que excede sus posibilidades. Falta el apoyo de las redes locales para desarrollar nuevas herramientas deprevención y reinserción”.

En defensa de la labor de Sename, Angélica Marín expone que sí cuentan con programas de reinserción, pero la cobertura aún no alcanza al 25% de los centros. Sin embargo, en los últimos años ha aumentado la cantidad deiniciativas de prevención ambulatorias, como la activación de alertas tempranas: “Hacemos un llamado a las escuelas, jardines, municipios y los mismos vecinos para que estén atentos a casos de negligencia. Si llegamos a tiempo, logramos intervenir antes que el daño esté muy avanzado y aún hay tiempo de trabajar en la reinserción familiar”.

“Se necesita tener un sistema integral de información que permita diseñar planes según cada caso; hay que hacer un diagnóstico, preparar un plan de trabajo personalizado y de inmediato comenzar a planear el egreso”, enfatiza Oriana Zanzi.

“Las residencias no pueden desaparecer. Sabemos que aún son necesarias para un grupo de niños. El desafío es que sean más pequeñas y repliquen la vida familiar, pero siempre teniendo como prioridad que se le dé una segunda oportunidad a las familias”, concluye Angélica Marín.

 

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